De leer, Catalina, poco y nada. Por suerte tiene una maestra de lengua y literatura que trata de entrarle por todos los costados a su alumnado, hasta que logra que se copen con algo que no esté tan masticado como "Casi Ángeles" y todas esas perversidades que hace Cris Morena. En el caso de Catalina fue de la mano de Liliana Bodoc, la autora de "Los días del venado". Así es que hoy estuvimos leyendo un poco de Bodoc con Catalina. Yo le leí un relato después de la cena y ella me dio otro para que leyera en mi viaje a casa (ella se quedaba a dormir en su otra casa). Tanto le ha gustado el modo de narrar de Bodoc a la niña que ha hecho lo que nunca la vi hacer: apagó la tele tras decirme que ella tiene dos mentes, una que lee y la otra que la distrae y que las dos mentes se pelean pero siempre gana la que distrae por eso le cuesta tanto leer. Cuestión que suprimimos a la mente distractora de niñas y leímos la historia de un emperador que padecía de pesadilla recurrente. El cuento nos gustó mucho y Kta se quedó enganchada con el tema de los sueños. Le pregunté si alguna vez había tenido alguna de esas pesadillas que se repiten una y otra vez y me contó una que ahora no recuerdo pero que estaba buena (mañana se la pregunto y la cuento). Después me dijo que la noche anterior había soñado algo horrible.
_ No me cuentes que me va a dar miedo, le dije.
_ Si era un sueño, mamá, y además lo tuve yo, mirá que vas a tener miedo.
_ Lo mismo me va a dar miedo. Mejor no me cuentes ahora que es de noche, me lo contás mañana.
_ Ay, mamá, no seas tonta. Estábamos vos y yo en la calle esa de casa...
_ ¿En la calle donde duerme el borracho que te da miedo?
_ El borracho no está más, ma. Estábamos ahí, entre la parada del 41 y el lugar ese donde arreglan autos, y vos estabas mirando para otro lado. Entonces yo miré para donde estaba el colectivero y me llama y yo no le hago caso, me hago la que no escucho.
- Ay, dios mío, me había secuestrado y vos te quedabas solita, Catalina, no me lo digas que ahora me tengo que ir a tomar un colectivo.
- Uy, mamá... Me hablaba a mi y me mostraba una cosa larga (que susto me di cuando me contó esta parte, virgen santísima de la trinidad y tobago), una mezcla de látigo con no sé qué.
- ¿Y qué te hizo?
_ Pará, mamá, tuve suerte porque justo me desperté.
_ Qué suerte, te salvaste de ese hombre malvado, hija.
_ No porque yo sabía que si me volvía a dormir me podía pasar de seguir soñando y entonces sí que me podía hacer algo malo.
_ ¿Pasa eso? ¿Que seguís soñando el mismo sueño, así como si volvieras del corte publicitario?
- Sí, ma...
(la miro con cara de "no jodamos")
_ Bueno, tengo mucho "Casi Ángeles" encima, te lo reconozco, pero yo aprendí que lo que tenés que hacer para no tener miedo de seguir soñando la pesadilla es pensar qué harías para salvarte. Entonces, cuando te dormís, cambiás el recorrido del sueño.
- ¿En serio? ¿Y qué pensaste?
_ Pensé qué haría yo si me pasara eso. Así que me imaginé que saldría corriendo a buscar a la policía. Entonces cuando me dormí cambié la trayectoria del sueño y con el policía fuimos y matamos al colectivero.
- Así, sin preguntarle nada, sin un juicio justo, hija?
_ Y bueno, mamá, no nos íbamos a arriesgar. Mirá si cuando le preguntábamos el que me mataba era él a mí.
_ Bueno, puesto así... Pero no sé, matarlo así como así, ¿no lo podía detener y llevar preso el policía?
_ Ay, mamá, es un sueño, ¿no entendés?
_ Yo entiendo, pero podés tenerlo en cuenta para la próxima vez. Qué sé yo, capaz que viste mal y no era un látigo...
_ Mamá, mirá si me hacía algo, en eso tenés que pensar. Lo que yo no comprendo es porque no te pedí ayuda a vos.
- Porque estabas acá, Catalina, no estabas conmigo.
- Estabas conmigo, mamá.
_ ¿Fue anoche, hija?
_ Sí..
_ Y bueno, vos anoche estabas acá y yo estaba en mi casa, le tenías que pedir ayuda a papá en todo caso. Ahí sí que lo quiero ver al colectivero...
_ En el sueño, mamá, en el sueño estaba con vos.
_ Ah, ¿Y por qué no me llamaste, hija?
- Es lo que no me explico, hubiera sido lo más lógico, que le pida ayuda a mi mamá antes de salir corriendo y buscar al policía...
_ Que susto, pensé que ibas a decir: "porque no me hubieras escuchado, como de costumbre, mamá".
_ Qué naba te ponés a esta hora, mami.
_ ¿Pero siempre hacés así, que se te interrumpe la pesadilla y le ponés el final que vos querés?
_ Y sí, ma, reconocé que tanta tele para algo me sirvió, reconocelo, reconocelo.
_ Para mí que no es la tele sino la lectura, Catalina. ¿Y hoy que soñarás?
_ No sé pero hay una duda que me quedará para siempre y es que me hubiera hecho el colectivero si no hubiera salido corriendo a pedirle ayuda al policía...
_ Algunas veces, Kta, lo mejor es quedarse con la duda.